Se cumplían cuatro años de la marcha de Julián Marías, cuando, el pasado 15 de diciembre de 2009, la ciudadanía de este país perdía a una mujer excepcional: nos dejó una obrera consciente de su clase; una política coherente, honesta y veraz; una intelectual discreta y una persona en quien se podía confiar.

Firme como un pilar y bella como una flor, la solidez de sus convicciones en defensa de la justicia social y los valores democráticos, hicieron verdadero honor a un nombre que toda persona debería conocer.

Inmersos en un una realidad compleja, Pilar constituyó una referencia hacia la República; el buen compás y la mejor carta, entre la más espesa de las nieblas, la más cerrada de las noches y la más enorme de las mares… un pulsar de blanca luz.