La bitácora de Jaume

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miércoles 28 Marzo 2007

Referéndum: ¿Monarquía o Democracia?

Un próximo referéndum debería servir para ratificar el texto de una nueva Constitución, una verdadera Carta Magna —no otorgada—, una vuelta a la democracia, perdida en 1939. ¡Basta de reformas continuistas! ¡Ruptura Democrática! ¡Contra la tiranía y la arbitrariedad! El oligarca preguntará “¿Más?”, y nosotros responderemos: “¡Vamos a cambiar de base!”. El pueblo tiene la palabra.

Del mismo modo que algunos de los mayores incendios tuvieron su origen en una diminuta chispa, los ciudadanos conscientes de nuestra clase estamos a tiempo de impedir que se nos instale una mentira en el ideario republicano. En contra de la opinión de quines afirman que sería conveniente realizar cuanto antes un referéndum acerca de la continuidad de Juan Carlos, invito a una reflexión más sosegada, a la luz de las consideraciones que a continuación me propongo exponer:

No conviene

La primera razón por la que afirmo que deberíamos oponernos a la idea de celebrar un referéndum para decidir sobre la continuidad del monarquismo, es que no es el momento, no conviene, no estamos preparados para ello. No es derrotismo, es crudeza. Y no es que albergue una falsa estrategia dilatoria, pero no quisiera que la precipitación nos hiciera caer en otro de los engaños urdidos por aquellos que tanto tienen que perder.

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martes 10 Enero 2006

Argumentos contra la monarquía

¿Es legítimo el puesto de trabajo del ciudadano Juan Carlos Borbón?

No, porque fue designado por un delincuente, y su posterior refrendo popular se desarrolló bajo un ambiente general de miedo a un nuevo golpe de Estado. Además, no había posibilidad de votar un texto alternativo al oficial. Por otra parte, no podemos olvidar por que su condición persona armada, el ciudadano Juan Carlos Borbón debería mantenerse alejado de la política.

¿Es el ciudadano Juan Carlos Borbón nuestro mejor embajador?

No, porque una persona ajena al gobierno electo no debería inmiscuirse en los asuntos del Estado; además, se debe evitar que los mandatarios de otros países duden acerca de que es el interlocutor válido para relacionarse con España.

¿Es verdad que el ciudadano Juan Carlos Borbón apenas tiene poder?

No, según el apartado h del Artículo 62 de la Constitución Española de 1978, Corresponde al rey: El mando supremo de las Fuerzas Armadas. De lo cual cabe interpretar que en España, esa figura vitalicia y hereditaria ejerce el poder de un modo completamente discrecional. En cualquier momento, se puede decretar el estado de sitio o excepción, y hacer uso de la fuerza del Estado, que más allá de toda legitimidad y representación, descansa en la amenaza del uso de la fuerza.

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jueves 3 Noviembre 2005

Contra la monarquía

Disertación sobre las paradojas con las que se encuentra la razón al buscar argumentos objetivos que justifiquen la pervivencia de la institución monárquica dentro de la realidad social de nuestros días. En su opinión, y pese a la polémica que este debate pueda suscitar, ha llegado el momento de cuestionarnos los pros y los contras mantener de una jefatura de Estado vitalicia y hereditaria, en el seno de un país occidental, en pleno S. XXI.

Vaya por delante que soy consciente del enorme apego que algunas personas experimentan por una causa que genera una idolatría tan irracional, que les impide siquiera la posibilidad de aceptar un debate crítico sobre la cuestión, es más, el mero cuestionamiento de la validez y vigencia del actual status quo desata su ira, máxime, si hablamos individuos de ciertos sectores de la sociedad, como los más ultra conservadores, la milicia, clases bien estantes o algunas de las personas que no pudieron acceder o completar los estudios básica. En efecto, en determinados sujetos, el sentimiento monárquico se manifiesta con una intensidad comparable al fanatismo deportivo o religioso, identificando esta forma de gobierno —y no cualquier otra—, como una expresión más de patriotismo nacional —relación muy lógica, habida cuenta de que la idea misma de la monarquía tiene mucho que ver con los conceptos de nación y deidad—. Pero es mejor no seguir por esta línea de razonamiento, que nos llevaría a la conclusión de que habitamos en una teocracia, lo cual no parece plausible.

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