Así como las
rosas derraman con sus
gotas el
embrujo de
nuestro despertar; así
te siento yacer hoy,
inerte sobre la
nieve que los
Andes besarán.
Delirio creativo,
edén azul y austral.
Montes esmeraldas,
inabarcables a la razón.
Cien mil
veces me
oirán, tu nombre
recitar:
“Argentina, Argentina…”.
Zaguán del paraíso,
ondea tu Sol al viento;
¡nunca vuelvas a llorar!
Cuando tú no estás,
Si el amor
tuviera sentido