La bitácora de Jaume

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sábado 14 Noviembre 2009

Ausencias

Cuando tú no estás,
el aire no se mueve
y solamente pienso:
¿cuándo volverás?

Cuando tú no estás,
el tiempo se detiene
y lo único que siento
es no poderte abrazar.

Cuando tú no estás,
un vacío lo llena todo,
y es mi único deseo
quererte un poco más.

Cuando tú no estás,
yo tampoco estoy;
nada hay, nadie está
cuando tú no estás.

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Iván Ignacio

Si el amor tuviera sentido
sería el roce de tus manos,
porque quererte es descubrir
y vivirte… la libertad.

Si el amor tuviera color
sería el de tus ojos,
porque soñarte es despertar
y sentirte… ¡volar!

Si el amor tuviera sabor
sabría como tus besos,
porque esperarte es morir
y besarte… volver.

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miércoles 11 Noviembre 2009

Esta mañana

Esta mañana al despertar
y ver tu tierna sonrisa;
al sentir tus suaves caricias
y rozar tu piel hermosa.

Esta mañana,

supe que todas las lágrimas,
que todas las decepciones,
todos los llantos y golpes
valieron la pena, porque

esta mañana,

he descubierto que la felicidad,
la Felicidad —cariño mío—,
la felicidad es cada instante,
cada momento, junto a ti.

Esta mañana,

esta mañana… ¡ah! esta mañana.
¡Qué no habría hecho yo esta mañana!,
quise darte un abrazo infinito,
y fundirme contigo, esta mañana.

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Instantes después de treinta años de
vacío, treinta años de espera, treinta
áños a cual más convencido de que
no podías ser sólo un sueño…

Iluminas hoy cada rincón de mi vida,
gris y oscura, fría e inmóvil. Sin ti
nada sería igual; nada sería lo que
ahora es… como si no hubiera Sol,
como una vida sin recuerdos,
infinitas horas de nada, y nada que
olvidar. ¡Qué suerte que existas!

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Un mar de sueños

A veces, cuando no estás,
observo esa ventana
de añil —ya blanco—,
en la que guardas el mar.

Y hago como que olvido,
como que no existes…
que no sé quien eres,
ni conozco tus manos.

Y en verdad no sé quien eres,
no sé, ni si no eres,
ni donde estás… si estás.
Porque no sé nada de ti.

Entonces, lloro a escondidas,
porque los días pasan,
porque el tiempo se va,
y porque me duele la vida.

Porque a veces, cuando no estás,
oigo cristales que se rompen
y me hieren entre las sombras,
a resguardo de la vergüenza.

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