Tu seguro amor discreto,
como el de un sol que nadie ve;
no puede ser recuerdo extraño,
ni cosa de una sola mujer.

Oídme bien, rehenes de España:
¡Salid a ver a vuestra madre!
¡Volved los ojos a la mujer!
que algunos miran, sin saber.

Gracias, Máxima, y Rosa, y Ángela,
y gracias también, Federica y Libertad;
gracias Empar, Teresa y Ludivina.
Gracias mamá. Gracias, mujer.