Medios de comunicación: los retos de la información en el marco de los Derechos Humanos
Por Jaume d'Urgell el viernes 17 Diciembre 2010, 01:29 - Discursos y conferencias - Enlace permanente

Conferencia
de Jaume d'Urgell, impartida en la mesa de debate sobre «Medios de
comunicación: los retos de la información en el marco de los Derechos Humanos»,
en el marco del Primer Seminario Internacional de Derechos Humanos de la ciudad
de Sevilla:
Buenos días,
En primer lugar, quisiera agradecer vuestra asistencia a esta mesa de debate sobre “Medios de comunicación: los retos de la información en el marco de los Derechos Humanos”.
También me gustaría agradecer al excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla su firme, concreto y valiente apoyo a este tipo de iniciativas.
Sin duda, la existencia de éstos espacios de reflexión ciudadana no tiene precio, más allá de oscuros intereses, que llegan a hacer uso de sus resortes mediáticos para satisfacer la mediocridad intencionada de aquellos a quienes molesta que cada vez más personas conozcamos, difundamos, cumplamos y hagamos cumplir la letra y el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Gracias también al resto de entidades colaboradoras, y de un modo muy especial, a la asociación “Mujeres de Guatemala”, por su labor.
Sin más, entremos en materia: hoy hemos venido a compartir ideas acerca del papel que deben jugar los medios de comunicación en la difusión de los Derechos Humanos, y para ello, es preciso hacer algunas consideraciones previas sobre la coyuntura en la que hacemos este análisis.
Mundialización económica y geoestrategia
Estamos a finales de 2010, en estos instantes, en diversos puntos del planeta se están desarollando una treintena de guerras al mismo tiempo —y eso, sólo entre las declaradas formalmente—.
Treinta son también los países que padecen niveles graves de hambruna, que afecta a no menos de 925 millones de personas, es decir: uno de cada seis seres humanos padece grave desnutrición, todo eso, al mismo tiempo que la Humanidad produce —en su conjunto— alimento suficiente para cubrir las necesidades del doble de la población mundial.
Hoy sabemos que los Objetivos del Milenio no se cumplirán, no al menos en la fecha prevista. Su calendario es, pues, otra mentira.
Estados Unidos de América sigue jugando su larga partida de ajedrez, risk y monopoly, que le lleva a recolocar sus piezas sobre el tablero, de modo que acorrale a sus contrincantes —a saber—: todavía Rusia pero sobre todo China.
Entre tanto, ésta y la Unión Europea pugnan por acaparar los recursos minerales e hidrocarburos de todos aquellos países que no dispongan de medios militares suficientes para disuadir el expolio sistemático.
Y aquí en España: al sempiterno problema de nuestra incardinación territorial administrativa, cabe añadir el efecto de sucesivas oleadas de ladrones en masa: empezando por el afloramiento del dinero negro provocado por el cambio de moneda, y seguido por las patrañas bursátil, tecnológica e inmobiliaria, unida a la inestabilidad de la economía especulativa a escala internacional, la destrucción del tejido industrial, la desmovilización de la ciudadanía, el paulatino empobrecimiento de la calidad educativa, el expolio que amenaza los servicios públicos como la Sanidad, la Educación, los sectores de producción estratégica de energía y materias primas, y la titularidad de las infraestructuras decomunicación y transportes.
En este preciso instante, tres familias obreras están siendo deshauciadas de sus domicilios. Tres, en cada una de las 54 provincias de España.
Según el Banco de España, a lo largo de este año se ejecutarán 180.000 créditos hipotecarios, lo que, dividiendo y descontando los fines de seamana, implica asumir que cada día laboral se ejecutan 500 hipotecas.
Y aquí no pasa nada.
Toda dictadura necesita impunidad y lo eso, en nuestros días, cuando los dictadores presiden “los mercados”, esto —la impunidad—, se llama: alienación, es decir: atontamiento.
Para lograr y mantener ese atontamiento de las masas, los medios de comunicación juegan un papel decisivo.
De ahí que todo grupo industrial que se precie, toda fuerza política, todo Estado y toda corporación bancaria traten de controlar alguna porción del pastel de los medios de comunicación de masas.En síntesis: hemos aprendido a coexistir con un sinnúmero de violaciones de los Derechos Humanos. Violaciones que asumimos con resignación, con sumisión, con vergüenza, con alivio de que hoy no seamos las víctimas directas, con cobardía...
Nos dejamos robar y matar porque permitimos que nos mientan
Proceso de concentración mediática
Parte de este engaño masivo se articula a través de la unificación del discurso de la propaganda, y digo “propaganda” en su acepción militar.
Se nos miente a diario, desde los medios de comunicación de mayor difusión, prestigio y recursos; se nos engaña por ocultación; se nos atonta por simplificación, por gradualidad, por silenciación, por verosimilitud, por orquestación, por exageración... no son principios nuevos.
La mayoría de estas técnicas requieren coordinar las campañas, circunstancia que unas veces se obtiene por azar (las menos, dado que nada importante suele ser casual), otras veces se obtiene por concertación de voluntades, y otras, las más, por adquisición, en lo que redunda en un proceso de conentración mediático que sincroniza y unifica el discurso, hasta el punto de que llega un momento en el que sólo hay lugar para un pensamiento: el pensamiento único.
A través del control de los medios de comunicación, los diferentes grupos de presión y los gestores de intereses tratan de manejar la opinión pública, que posteriormente se convierte en votos, y de ese modo les permite anular la libertad individual para imponer políticas de Estado que satisfagan a los intereses particulares de quienes controlan esos medios de comunicación.
Todos esos procesos son inocultables: cualquiera puede comprobarlos echando un vistazo a las cotizaciones, composición accionarial y volumen de capitalización bursátil de los grupos de comunicación: PRISA, Vocento, Mediaset, Planeta, Unidad Editorial, Grupo Z, Conferencia Episcopal Española, Mediapro, Liberty, etc.
Conflicto entre propaganda y ética periodística
Por supuesto, actuar al dictado de terceros implica anular —de hecho— la propia voluntad. Justo ayer conocíamos la noticia de que a los y las periodistas de Fox News se les a obliga a dudar de la existencia del Cambio Climático... al menos, si quieren seguir teniendo un sueldo con el que pagar sus hipotecas.
En estas circunstancias, del mismo modo que utilizamos expresiones de fuerte connotación marcial, como: “campaña”, “propaganda” o “estrategia”, vemos con tristeza, cómo también asistimos a episodios de “obediencia debida”, que fuerza a los peones de la comunicación a cometer execrables crímenes contra la honestidad profesional.
Ocurre, sucede... que a menudo, los intereses particulares se oponen al interés general, y lo que es más: con frecuencia, la culminación de los intereses privados implica la violación de unos cuantos artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De algunos... o incluso de todos a la vez.
Todo esto conduce a un escenario distrópico, en el que sería conveniente apuntar al menos, algunas recomendaciones generales para hacer un periodismo mejor, y poner los medios de comunicación al servicio de la Familia Humana.
Si eso no es posible hacerlo con los medios presentes, habrá que fundar nuevos medios, y si los compran, tuercen, infiltran o desnaturalizan, fundaremos otros mejores... porque lo más importante de caminar, no es el hecho mismo de poner cada pie delante del otro, sino la facultad, constancia y determinación de volver a levantarnos cada vez que demos un tropiezo.
La misión de los medios de comunicación
Desde el punto de vista de la defensa de los Derechos Humanos, la primera obligación de los medios de comunicación debe ser: mantener el respeto por la veracidad, porque si resulta muy difícil conducir de noche y sin luces, más aún resulta, gobernar este cascarón, sabiendo que el panorama se encuentra infestado de fieras.
Fieras especulativas, fieras políticas, fieras militares, fieras mediocres... y lo que aquí nos trajo: fieras mediáticas, que eluden la responsabilidad de cumplir con su función de informar con honestidad, independencia e imparcialidad.
Los medios de comunicación deben abandonar la política de no comunicar y lo que es peor: la perversión sistémica de contrainformar... y si éstos medios se revelan incapaces de poder cambiar por sí mismos, entonces nosotras y nosotros —consumidores de sus subproductos informativos—, deberemos cambiar, tomar conciencia, crear y utilizar otros medios.
Debemos educar nuestros hábitos de consumo de información.
Debemos exigir dignidad, calidad y honestidad... y rechazar el circo mediático.
Rechazar el circo, porque no hay antidisturbios que puedan contener una situación de “Pan y circo” cuando el pan empiece a escasear.
Los medios de comunicación deben asumir su papel en la tarea de dar a conocer los Derechos Humanos, deben colaborar en la sensibilización y en la conformación de una opinión pública favorable a la defensa de éstos.
Debemos dar a conocer los Derechos Humanos, porque a pesar de la evidencia de su legitimidad, resulta muy difícil exigir lo que se desconoce.
Es muy triste que tantas personas conozcan hasta los detalles más sórdidos e irrelevantes de la biografía social de un personaje de ficción grotesca, como el llamado “Belén Esteban”, y que, en comparación, tan pocas personas sepan qué es y en qué consiste la separación de poderes; conozcan sus derechos fundamentales; o se plantéen análisis como que no hay democracia sin Derechos Humanos; que no hay democracia sin efectiva igualdad de dignidad y oportunidades para la mujer; que el hambre es una forma de violencia...
En síntesis: es imprescindible que los medios de comunicación asuman su misión de dar a conocer las infracciones y violaciones contra los Derechos Humanos.
No va a ser fácil, pero es imprescindible: la defensa de nuestra dignidad colectiva e individual, pasa por la defensa de otra forma de formar e informar.
No esperemos a que alguien lo cambie, cambiémoslo.
Muchas gracias.

Jaume d'Urgell
jaume@durgell.com
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