Ayer mismo, en mi ciudad, pude ver con mis propios ojos cómo un par de efectivos del Cuerpo Nacional de Policía procedían a la identificación y posterior detención selectiva de personas, en base al color de su piel.

Hace apenas 15 días, pude ver cómo un grupo grande de efectivos de la policía municipal de Madrid, realizaba una cacería de seres humanos de origen africano, en plena Puerta del Sol, valiéndose de agentes de no-uniformados, efectivos motorizados que actuaban con gran temeridad entre aceras repletas de viandantes y corte sincronizado de calles. También en esta ocasión, el criterio de discriminación entre “personas normales” y “sospechosos detenibles” era el color negro de su piel.

Esta situación me ofende como vecino de Madrid, como español, como europeo y como habitante del planeta. Esta situación debe ser denunciada. Esta situación debe terminar.

Es preciso crear departamentos específicos de lucha contra la discriminación racial, cultural, religiosa y social en el seno de las Administraciones Públicas. Urge revocar cualquier instrucción racista. Es necesario aumentar los recursos y las competencias del Defensor del Pueblo y organismos humanitarios de similares características, para acabar con esta lacra de vergüenza institucional.

Vincular el crimen o la crisis económica con la inmigración es radicalmente falso: la realidad es que la inmigración nos enriquece a nivel cultural y económico.

Ninguna persona es más digna que las demás. Nadie vale menos que nadie. No existen razas superiores. Nadie puede ser ilegal, alegal o irregular. Ningún ser humano puede ser ni estar prohibido.

Implícate. Lee. Reflexiona. Actúa. Comunica.

¡Salud y República!

 

Jaume d'Urgell
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