¡Tanques en las calles de Madrid!
Por Jaume d'Urgell el lunes 5 Octubre 2009, 19:12 - Artículos de opinión - Enlace permanente
No deja de ser curioso
que, en un país donde la expresión “Fiesta Nacional” lo mismo significa el Doce
de Octubre, que una vil matanza de toros, no se oigan más voces críticas, que
se atrevan a decir: “¡Alto! Esto no está bien. España es otra cosa. ¡Bajad las
armas! ¡Viva la democracia!”, y pongamos proa hacia la Utopía, empezando con un
adiós a las armas.
Os voy a contar todo lo que me pasa: sucede que una vez más, con motivo de la celebración del Día Nacional de España, volveremos a presenciar un gran desfile militar. Una parada tan intensa, extensa y colorida –ríanse ustedes de la Manifestación de los Orgullos–, por fuerza habrá de contar con amplia cobertura mediática, a la que –por descontado– no faltarán las cámaras de nuestro Ente Público, ni los escribas, locutores y tertulianos de la Villa y Corte, prestos a garantizar que el estruendo de las botas alcance hasta el más recóndito confín de la nación de los no nacionalistas.
Una vez más, sobre nuestras cabezas indefensas y frente al rostro seco de Castilla, decenas aparatos concebidos para cumplir amenazas de muerte, hollarán los cielos de Madrid, reverdeciendo la infamia que otrora violara el vientre de nuestras madres; el dolor que todavía humedece los ojos de nuestras abuelas y esa falsa hombría –preñada de ignorancia–, que anida en la presa fácil de los mismos uniformes, idénticas banderas y la misma cabra: pomposa y ridícula, maldita… e inocente.
Una vez más –y ya van casi ochenta, seguidas–, la función dará comienzo justo a tiempo para que los telediarios sazonen nuestros platos con mentiras escupidas desde el ayer. ¡Zas! De la pantalla plana, directamente a los alimentos de nuestra razón… ¡Zas! Otro canal, mas ahí están: otras voces ostentan idéntico discurso. Palabras cambiantes, que adornan engaños de acero, labrados con arena y sangre a presión; con calendarios de no-actos y palabras sin razón… apenas interrumpidas por el rechinar de los dientes de quienes no pueden hablar.
Si en nuestros días la Luftwaffe evita sobrevolar Dresde… ¿Qué aplaudirán las gentes de Madrid? Sin duda, alguien lleva más de siete décadas haciendo muy bien su trabajo.
Jamás el engaño hará mella en la verdad sencilla y desnuda: que ningún ejército es una ONG; que un cazabombardero no hace misiones de paz; que la pintura blanca no cambia la forma ni los fines de los tanques; que ningún Estado renuncia a emplear las trampas de los demás; que el Derecho Humanitario Bélico es mentira; que matar es matar; que el color azul del casco de un violador de niñas no cambia el carácter atroz de todo cuanto acompaña a todas las guerras.
Preguntaréis: ¿por qué nuestro país celebra su Día Nacional con un desfile de profesionales de matar? Acaso no sería mejor, más digno y bello, celebrar nuestra identidad nacional con un desfile de ingenieras civiles, de arquitectos, de científicas, de maestros de la Enseñanza Pública, de diputados y parlamentarias de todas las Cámaras Legislativas, de doctoras de la Salud Pública… de concejales y alcaldesas? ¿No elevaría más el honor patrio, rematar los discursos ceremoniales con el anuncio de la condonación de la deuda externa, de la liberación de patentes farmacológicas, del fin del sufrimiento animal, de la lucha contra el odio a la diferencia, de la adopción de medidas contra la discriminación salarial por género o del trasvase del gasto militar al presupuesto de Cultura?
Yo quiero que mi país celebre su honor viendo desfilar a estudiantes becadas en lugar de zapadores de montaña; allí donde vea un helicóptero de combate, quisiera ver hidroaviones de bomberos, arrojando pétalos de lila y confeti sobre una multitud serena y alegre, valiente y osada… que no tema no comer, ni perder la casa, ni los pupitres, ni una cama de hospital.
Día de la Hispanidad, día de la Raza,
día de Nuestra Señora del Pilar,
día de la Guardia Civil, día de las Fuerzas Armadas y Columbus
Day
A propósito de “La Fiesta de la Hispanidad” como concepto está bien… siempre que no se utilice como arma arrojadiza, como si fuera una identidad en contra las demás, sino a modo enriquecedor, como una aportación cultural cuya conservación y eventual proliferación se base en el respeto a las demás culturas y modos de entender.
Lo de “El Día de la Raza”… pase –también–, siempre que se refiera a la raza humana, género común en dignidad y derechos, e indivisible en base a criterios arbitrarios. Porque hoy en día, existe acuerdo mayoritario en la comunidad científica internacional, en el sentido de que raza, lo que se dice raza –aplicada a los seres humanos–, solo hay una: la raza Homo Sapiens Sapiens. Sin que el color de la piel se pueda considerar como un rasgo asimilable al de “raza”.
En cuanto a “La Fiesta de Nuestra Señora del Pilar”… me parece digna de todo respeto, siempre que lo celebren las y los creyentes, en total libertad y sin malversar caudales públicos, ni forzar imposiciones infundadas al resto de la sociedad.
En cuanto al “Día de la Guardia Civil”… no sé, no creo que sea preciso dedicar un día especial para dignificar la labor de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y mucho menos para un solo cuerpo en especial. Hasta donde yo sé, Protección Civil no tiene un día de fiesta en particular –y si lo tiene, no es día festivo en el calendario laboral–, la Policía Local tampoco tiene un día de fiesta laboral, ni la Ertzaintza… sobretodo, porque el honor de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no tiene nada que ver con el número de chapitas y pines que lleven sobre los uniformes, sino que más bien está relacionado con el heroísmo cotidiano que supone dedicar la vida al bien de los demás, a servir y proteger a la ciudadanía y a garantizar el cumplimiento de las leyes, emanadas de Legislativos electos. Eso es dignidad, no un pin de colores, ni un desfile a pleno sol en un día que muchos usarán para escapar de la ciudad.
Del “Día de las Fuerzas Armadas”… otro tanto hay que decir: ¿Hace falta festejar lo que los Ejércitos significan? Yo los veo más bien como un mal necesario y –deseablemente– a extinguir. Sobre todo, en un país como España, donde los Ejércitos acusan una larga trayectoria histórica de actos de terrorismo contra su propia población civil. Hoy por hoy, el Ejército ya no es lo que fue en los años setenta, y lo celebro.
Estamos en 2009: tenemos unas Fuerzas Armadas razonablemente civilizadas, profesionales y en todo caso: leales a la población civil. Me alegro de que sean capaces de cumplir con su cometido sin constituir una amenaza contra la sociedad, pero de ahí a vincular el honor de España con el de sus Fuerzas Armadas, creo que hay un gran trecho.
El honor de España nada tiene que ver con el honor de sus Fuerzas Armadas. España no es una palabra de seis letras, sino la casa de 45.000.000 de seres humanos. España no es una bandera de dos o tres colores, sino una sociedad plural, diversa, pacífica, digna y honesta. España no es un mantra, sino el nombre de un pueblo hecho de familias, a las que todo el mundo debería respetar. Se quiera o no, España no es una Corona, sino más bien: una urna electoral.
Y sobre el “Columbus Day”… poco más que decir, porque hoy sabemos que el “Descubrimiento de Iraq” a manos de George, Tony y José María fue una copia idéntica del “Descubrimiento de América” a manos de Isabel y Fernando.
No deja de ser curioso que, en un país donde la expresión “Fiesta Nacional” lo mismo significa el Doce de Octubre, que una vil matanza de toros, no se oigan más voces críticas, que se atrevan a decir: “¡Alto! Esto no está bien. España es otra cosa. ¡Bajad las armas! ¡Viva la democracia!”, y pongamos proa hacia la utopía, empezando con un adiós a las armas.
¡Salud y República!

Comentarios
Creo que todo merece matices. Soy antinacionalista aférrimo, y no soy partidario de ninguna bandera, himno o comportamiento tribal. Sin embargo, discrepo en lo que a la "inutilidad" del ejército se refiere. ¿Quién iba a ir sino a por los pescadores abordados en Somalia? póngase el caso. La labor, en particular del ejército español, es encomiable, véase, por ejemplo, su comportamiento en Yugoslavia, si bien, es cierto, participa de misiones, de Occidente, ilegales (véase Afganistán). No obstante... por qué privar a nuestros soldados de un desfile que viven ellos con sus familias y curiosos?? (eso sí, sobraría éste o el de el día de las fuerzas armadas... dos son multitud).
un abrazo Jaume!
Salud y República!