Los hechos se encargaron de ponerla en evidencia: escasas horas después de sus vergonzosas declaraciones, miles de activistas de la Coordinadora Antifascista de Madrid; el portavoz del grupo parlamentario socialista en el Congreso de los Diputados, Diego López Garrido; el coordinador general de Izquierda Unida y candidato a la presidencia del gobierno, Gaspar Llamazares; el diputado catalán Joan Herrera y otras gentes y representantes de movimientos sociales salían a las calles para denunciar la verdadera entidad de los hechos: Carlos Javier Palomino fue asesinado en un crimen de odio, fue un asesinato fascista, a manos de un soldado profesional que acudía armado a una manifestación racista y xenófoba.

Solo entonces, la misérrima ignominiosa, optó por declarar que sí, que en efecto, se trataba de un «crimen ideológico, aunque no tenía nada que ver con el racismo».

Eso debió dejarle mal sabor de boca... y descontenta con su traspiés ultra-centrista ante los medios, la jefa de los violentos uniformados remató la jugada: en el lapso de un par de semanas, legalizó numerosas concentraciones, manifestaciones y actos públicos de grupos falangistas, franquistas, racistas, xenófobos y antidemócratas y al mismo tiempo, prohibió la manifestación antifascista que desde hace dos décadas viene celebrándose cada 20 de noviembre.

La brutalidad policial vista como algo cotidiano:
la prueba palpable de que nada ha cambiado

Hasta un centenar de furgonetas de antidisturbios se emplearon a fondo en la labor de golpear, identificar, atropellar, detener, multar y fabular acusaciones falsas contra los vecinos de Madrid, un vecindario que únicamente deseaba condenar el asesinato de un adolescente de 16 años de edad. La represión fue brutal: prepotencia, carreras, provocaciones, mentiras oficiales, golpes, detenciones, miedo... Y aún así, el publo triunfó: una parte de los manifestantes alcanzó las últimas posiciones y logró instalar una lápida de mármol, en recuerdo a Carlos. ¿Qué hay de violento en semejante acto de civismo democrático? ¿Qué teme el gobierno de un cortejo fúnebre popular? ¿Por qué impedirlo?

La no-manifestación de hoy: un nuevo insulto
del PSOE contra Carlos y el antifascismo

Pocos días después, el partido del gobierno y los satélites que utiliza para disimular el monopartidismo fáctico, reunidos bajo la engañosa denominación de «Foro Social de Madrid», convocaron una manifestación —autolegalizada, por supuesto—, para condenar el asesinato fascista de Carlos... pero llegado el día previsto para su celebración: hoy, día 2 de diciembre de 2007, el acto se ha desconvocado. ¿El pretexto? La presión del partido franquista, tras los hechos ocurridos ayer en el país vecino.

¿Acaso hay muertos y muertos?

¿Desde cuándo la aparición de un nuevo acto violento es razón suficiente para suspender los actos de condena a un crimen anterior? Adaptando el eslogan electoral del partido franquista: «con el PSOE, es posible».

Sea como fuera, Carlos se ha vuelto a quedar sin manifestación... o al menos eso hubieran querido los que no quieren que nada cambie, que no se piense, que nada ponga en peligro la estabilidad de un sistema con el que tan bien les va la vida...

¡Pero no! Pese a las mentiras, pese a la desconvocatoria, pese a las siglas, pese a ser pocos: hoy, día 2 de diciembre, tal y como estaba previsto, algo más de un centenar de personas nos hemos concentrado en el lugar previsto, en la Plaza de Cibeles, y desde allí hemos marchado, no solo hasta la calle Sevilla (recorrido de la convocatoria inicial), sino que hemos llegado hasta la Puerta del Sol.

No fuimos muchxs, pero la dignidad no sabe de números.

Allí estábamos trabajadores de todas las edades, en actitud grave, hartos de tanta decepción. Allí estuvimos quienes no podíamos no estar. Allí estuvo Feli (PCE en Madrid), junto a una nutrida presencia de camaradas comunistas, gente comprometida; allí estuvo Javier Parra (director del periódico La República), Hugo Martínez Abarca (blogger de Tercera Información 3i); allí estuvo también nuestro entrañable abuelo, Diego, el mejor peón de obra de la agitación y propaganda; allí estuvo la concejal Milagros Fernández (IU en Madrid) y decenas de militantes de ’Juventudes’ (PCE e IU en Madrid).

La policía hizo acto de presencia —como no—, y se mantuvo correcta en todo momento. A diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones, esta vez no impidió el desarrollo de la protesta, pacífica y triste, como correponde a un acto cívico de condena de la violencia, porque de eso se trata siempre el fascismo, no lo olvidemos: el fascismo es violencia.

¡Delegada, dimisión! (o cese)

¡Ilegalizar, Democracia Nacional!

Carlos, hermano, nosotrxs no olvidamos.