Alguien está reconstruyendo viejos muros contra la razón y el pensamiento libre: el muro de la intolerancia, el de la censura, el de la "opinión" a sueldo, el del panem et circenses, el de la instrumentalización política de la Justicia... Ante eso, si nos amedrentamos y regresamos dócilmente a la misma clandestinidad de la que salieron nuestros padres, entonces, será mucho más difícil que alguien vuelva a tomar un cuaderno de dibujo, una cámara de fotos, o un procesador de textos, y se atreva a cuestionar públicamente el carácter injusto de una monarquía impuesta por las armas.

Nada es gratis. Nunca un derecho se obtuvo a cambio de nada. Es necesario arriesgar y comprometernos para avanzar en la defensa del bien común. Con inteligencia, en paz , asumiendo los errores como parte del precio de la victoria, con valentía y alguna baja. Por eso, os invito a la duda, al ejercicio de la reflexión compartida, a través de cualquier forma de expresión pacífica. Neguémonos a aceptar lo injusto, aprendamos a desobedecer con naturalidad, porque de lo contrario seguiríamos quemando vivas a las sospechosas de brujería, a los científicos, los visionarios, los malditos, los erejes y endemoniados...

Estamos en 2007, esperar es ceder, y ceder, retroceder. Setenta años sin democracia deberían ser suficientes. ¿Permitiremos que además nos hagan callar? En Francia decían que crear es resistir, y resistir, crear. Si renunciamos a seguir creando, renunciaremos también a resistir, y entonces todo habrá sido en balde: los muertos de las cunetas, los años de cárcel, las mentiras en las aulas, el caudillo bajo palio, los osos del Cáucaso, recordar nuestra propia lengua, mantener la identidad, saber siquiera de la existencia de ciertos valores... todo estará perdido.

Soy un ciudadano y estoy desobedeciendo. ¡Movámonos! ¡Hagamos que otros desobedezcan también!

¡Salud y República!