Apertura de la entrega de premios Nicolás Salmerón de Derechos Humanos 2011
Por Jaume d'Urgell el lunes 12 Diciembre 2011, 06:03 - Discursos y conferencias - Enlace permanente
MADRID. No es fácil
defender los Derechos Humanos, sobre todo cuando el sentido de la
responsabilidad nos obliga a señalar violaciones que incomodan a los poderes
establecidos, cuando el desempeño de nuestra labor nos lleva a dar voz a las
mujeres y hombres que no la tienen. No es fácil hacer lo correcto, por eso es
importante hacer público reconocimiento de los ejemplos de coherencia personal
en la defensa de los intereses de toda la Familia Humana.
Buenos días,
Es mediodía en punto, la hora en la que los obreros inician sus trabajos.
Os doy la más cordial bienvenida al Ateneo de Madrid, el Templo de la Palabra, de las ideas, la Razón Crítica y el entendimiento entre personas, culturas y pueblos. Un lugar donde no habita el olvido, y en el que —desde hace cerca de dos siglos—, trabajamos al servicio de toda la Familia Humana.
Como sabéis, los premios Nicolás Salmerón de Derechos Humanos toman su nombre de uno de los miembros de esta docta casa: el que fuera presidente del Poder Ejecutivo durante la Primera República Española, cargo al que prefirió renunciar antes de verse obligado a firmar su primera condena a muerte. Un gesto ejemplar, que trasciende el paso de los siglos, las siglas y las fronteras. Un acto de pedagogía democrática, que en nuestros días conserva toda su vigencia.
Nos encontramos pues, en el Ateneo de Madrid, para dar cumplimiento a las tareas que guían nuestra actividad: observar, reflexionar, difundir, denunciar y reconocer.
Llegar hasta aquí no fue tarea fácil… y no lo fue, porque la defensa de los Derechos Humanos rara vez lo es: basta una mirada al recuerdo del president Lluis Companys, asesinado por causa de su defensa de Catalunya y la democracia; basta una mirada a la memoria de Julián Besteiro, presidente del Congreso de los Diputados, secuestrado hasta la muerte por causa de su defensa de España y la democracia; basta recordar a Ernest Lluch, asesinado por causa de su defensa de la paz, el diálogo, la salud y la democracia… para darnos cuenta de que: efectivamente, la defensa de los Derechos Humanos nunca fue una tarea fácil.
No lo es —por ejemplo— cuando el sentido de la responsabilidad nos obliga a denunciar casos como la violación cotidiana de Derechos Humanos que tiene lugar a siete kilómetros escasos de donde nos encontramos ahora mismo: en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Carabanchel —por citar solo un ejemplo—, donde todos los días se producen arrestos arbitrarios de personas asustadas e indefensas, que solo son culpables de haber nacido en otro país, personas que son “cazadas” en auténticas monterías urbanas —cuando no en controles callejeros inequívocamente discriminatorios—, personas maltratadas en su dignidad y separadas de sus familias, personas que nos ven ignorar sus peticiones de Habeas Corpus y a las que finalmente deportamos sin garantías, ni el amparo de una tutela judicial efectiva que haga honor a tal nombre, víctimas de un sistema que nos avergüenza como país y como especie.
Todo va bien, decía… hasta que alguien habla de malos tratos en comisaría, o de la impunidad de los poderosos; todo va bien mientras no nos topemos con la Iglesia y su financiación... en el contexto de un país que despide profesores y cierra hospitales; todo va bien, mientras nadie hable de la razón de ser de los Paraísos Ficales; mientras no mencionemos la negación de aquellos sentimientos nacionales que colisionen con los nuestros; todo va bien hasta que se denuncia la falta de equidad y reciprocidad en materia de aranceles (y la relación entre eso y la hambruna en el Tercer Mundo); todo va bien hasta uno que se pregunta por qué nuestro Estado sigue fabricando armas prohibidas por la Comunidad Internacional y vendiéndoselas a enemigos de la Humanidad como Teodoro Obiang, a quien —además—, permitimos pisar nuestro suelo territorial sin entregarle a la Justicia.
No es fácil hablar de los derechos humanos de las miles de personas que tenemos reducidas a la mendicidad —solo en la calles de Madrid—, muchas de ellas doblemente presas de su salud mental y de nuestra hipocresía.
No. No es fácil hacer lo correcto, nunca lo fue. Es muy fácil venir aquí y leer un fragmento de la Declaración Universal, pero de nada servirá si no somos capaces de desobedecer cuando sea preciso; si no somos capaces de seguir soñando al despertar; si no somos capaces de unirnos en defensa de lo que es justo; si no somos capaces —especialmente— de salvaguardar nuestra Educación y nuestra Sanidad Pública.
Por eso estamos aquí: para decir la cosas necesarias que otras mujeres y hombres no podrán decir; porque esta es nuestra triple misión: difundir los Derechos Humanos, denunciar su incumplimiento y celebrar los ejemplos e coherencia.
El Comité de Organización que concede estos premios se compone de catorce personas, y a través de las Redes Sociales llegamos diariamente a una audiencia directa y efectiva de más de medio millón.
Y no todo es denunciar, por fortuna: hoy tenemos la satisfacción de reconocer públicamente las circunstancias de seis casos de coherencia personal en el respeto a los Derechos Humanos: desde la grandeza de estadistas como la señora Cristina Fernández de Kirchner, hasta el discreto pero inquebrantable compromiso militante de Laura Bugalho; desde la ingrata, constante, dolorosa e imprescindible valentía pacificadora de Odón Elorza, hasta el amor por la bella y efectiva comunicación de la cultura, de Antonio Buitrago; desde el necesario ejercicio de responsabilidad periodística de Antonio Miguel Carmona y Manuel Arias, hasta las bellas artes de todo el equipo humano de la película “La Voz Dormida”.
Bien, sin más preámbulos, como presidente del Jurado y en nombre del Ateneo de Madrid, os doy la bienvenida esta docta casa —que es la vuestra—, y declaro abierta la ceremonia oficial de entrega de los premios Nicolás Salmerón de Derechos Humanos correspondiente al año 2011.
Muchas gracias.

Jaume d'Urgell
Presidente del Jurado y del Comité de Organización
http://premiosalmeron.com
