En el apartado de tendencias, Convergencia i Unió ha obtenido 928.511 votos, lo que implica que en términos absolutos, ha perdido la confianza de 95.914 electores respecto de los anteriores comicios; no obstante, compensando este dato con el descenso en la participación, en proporción ha experimentado un ascenso del 0,58% de los votos, o lo que es lo mismo: ha obtenido dos escaños más, pasando de 46 a 48, situándose con claridad como primera fuerza en el Parlament de Catalunya, a una distancia de 11 escaños respecto de su inmediato seguidor —el Partit dels Socialistes de Catalunya, que obtuvo 37—, pero lejos de la mayoría absoluta, que se sitúa en 68 escaños, habida cuenta de que en el Parlament de Catalunya se compone de 135. En síntesis, CiU pierde casi cien mil votos pero gana dos escaños, y se sitúa como fuerza más votada y con más escaños (en las anteriores elecciones, CiU obtuvo más escaños que cualquier otro partido sin ser fuera la fuerza más votada —lo fue el PSC—, paradojas de la Ley electoral que arrastramos desde la dictadura).

El partido ganador es pues: Convergencia i Unió, aunque sin apoyos suficientes para gobernar en solitario. Por ello, es necesario abrir una ronda de contactos que conduzca al establecimiento de pactos que hagan posible la gobernabilidad estable de la Generalitat de Catalunya, y ello obliga a analizar qué combinaciones son posibles en base a los resultados obtenidos. Básicamente, existen cuatro combinaciones:

  1. Un gobierno en solitario de la fuerza más votada y con más escaños: CiU. El president del govern de la Generalitat de Catalunya —Artur Mas—, se vería obligado a coexistir en minoría con un Parlament que, de ser hostil podría crear una gran inestabilidad institucional. La gobernabilidad estaría muy comprometida y sujeta a infinidad de concesiones con las que conciliar apoyos puntuales. Aquí el gobierno contaría solo con los 48 escaños del grupo parlamentario de CiU.
     
  2. Un gobierno de estabilidad, producto de una alianza entre los dos grandes partidos: CiU y PSC, con la presidencia para Artur Mas, siendo el líder del partido que más votos y escaños aportaría; es de prever que el PSC reclamara alguna cartera-clave, como la Consellería d’Economía i Finançes. Esto daría como resultado un gobierno con un sólido apoyo parlamentario, puesto que con sus 85 escaños, garantizaría cuatro años de estabilidad. No obstante, supondría un fuerte desgaste para ambas fuerzas, que serían blanco de la crítica por falta de coherencia y aún engaño a su electorado, por no entrar en las graves diferencias existentes en sus respectivos programas electorales: distintas ideologías —al menos en lo nominal—, distintas concepciones del modelo de Estado.
     
  3. Una repetición del gobierno tripartito; una nueva edición del pacto entre las fuerzas de izquierda ofrecería un apoyo parlamentario de 70 escaños, dos más que el mínimo requerido para obtener mayoría absoluta. El tripartito ha sido fuente de fuertes tensiones entre el PSC y su matriz federal, el PSOE, además, ha producido un gran desgaste electoral dentro y fuera de los límites de Catalunya —sin ir más lejos, en 2006, Montilla ha obtenido 241.687 votos menos que los que obtuviera Maragall en 2003, lo que viene a ser una reducción cercana al 24%, es decir, el PSC ha perdido en esta legislatura, a uno de cada cuatro votantes—. Con todo, ésta sería una alianza muy estable: no en balde, se ha demostrado que aún en las peores circunstancias, los tres partidos de izquierda fueron firmes en su compromiso de apoyo incondicional al govern de la Generalitat de Catalunya: resistieron al encontronazo de Carod Rovira con representantes de E.T.A., y resistieron también a todo el proceso de aprobación del nuevo Estatut d’Autonomía —que pese a todo, llegó a buen puerto—. Hay otro elemento a favor de esta opción: además de ser posible y contar con la experiencia, a nivel ideológico sería una elección muy coherente, puesto que es la única opción que resultaría en un gobierno de izquierdas, puesto que cualquier otra combinación pasa por la entrada de fuerzas derechistas en el govern, con las consiguientes renuncias programáticas. Y aún una razón más —si cabe—, la más contundente: si efectuamos una división de las fuerzas parlamentarias entre derecha e izquierda, la izquierda sería la más votada, puesto que PSC, más ERC y ICV-EV suman 70 escaños, frente a los 65 que suman CiU, PP y Ciutadans. La izquierda es pues, la fuerza más votada en Catalunya, con 1.485.308 votos, frente a los 1.331.557 que obtuvo la derecha. En tal caso, el president del govern de la Generalitat de Catalunya sería José Montilla.
     
  4. La cuarta y última opción sería la de crear de un pacto estable de gobierno entre los partidos con mayor orientación hacia la defensa de la causa nacional catalana: CiU y ERC; ello daría como resultado, un apoyo parlamentario de 69 escaños, uniendo los 48 de CiU y los 21 de ERC, uno más de los necesarios para obtener la mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya. No cabe duda de que sería una opción muy buena para el nacionalismo catalanista, en detrimento de los efectos del nacionalismo españolista. En materia de política lingüística y cultural no habría excesivos problemas para conciliar los programas electorales, pero en el aspecto ideológico, ambos partidos defienden líneas radicalmente opuestas, sobretodo si consideramos el caso de Unió Democràtica de Catalunya, cuya obstinación cuasi-medieval en importantísimos e irrenunciables cuestiones sobre libertades públicas colisionaría frontalmente con las políticas tradicionalmente más aperturistas que ERC contempla en su proyecto de gobierno.

Como apunte final, señalar que el PP quedaría fuera de la realidad catalana, y que la entrada de la formación que algunos llaman “Comediants de Catalunya”, aportará sin duda una nota de color a la política catalana —quien sabe si algún nuevo “destape”, esta vez en sede parlamentaria—, pero que su presencia no pasa de ser ‘estadísticamente despreciable’, con una escasísima capacidad de influencia, que solo con el concurso de Unió es posible que den algún dolor de cabeza en el día a día del Legislativo, sin que ello llegue a alcanzar jamás a la maniobrabilidad del Ejecutivo.

En síntesis: CiU podrá ser la fuerza individual con más votantes (928.511) y más escaños (48) que ningúna otra, pero un gobierno no se hace desde la individualidad, y no debemos olvidar que no es la derecha sino la izquierda el conjunto de fuerzas que en Catalunya han obtenido mayor apoyo del electorado, tanto en votantes (1.485.308) como en escaños (70).

Si gobierna el partido más votado, Mas será el president; si gobierna la ideología con más apoyos, será Montilla quien ocupe el sillón de la plaça de Sant Jaume durante los próximos cuatro años.