Elecciones a la Generalitat de Catalunya
Por Jaume d'Urgell el jueves 2 Noviembre 2006, 17:10 - Artículos de análisis - Enlace permanente
Estamos acostumbrados a que el día después de cualquier contienda electoral la mayor parte de líderes políticos comparezcan en rueda de prensa para aportar su particular visión de los resultados, ofreciendo siempre una visión que oscila entre el triunfalismo de los claros vencedores, hasta el malabarismo de los demás. Rara es la vez en la que alguien decide romper tópico, y asume las responsabilidades a título particular, o dibujando un horizonte de seriedad y compromiso frente al electorado.
Catalunya es una de las pocas comunidades autónomas donde se presenta un panorama electoral diverso, que huye del terrible bipartidismo de titanes que predomina en demasiados lugares, y ofrece una mayor pluralidad que beneficia el juego democrático, reduciendo la concertación de partidos y añadiendo cierta dosis de imprevisibilidad a los comicios.
A modo de preámbulo, veamos primero el marco estadístico: el pasado 1 de noviembre de 2006, 5.212.444 personas que viven en Catalunya fueron llamados a las urnas, de los cuales 2.959.027 acudieron a votar. La primera consideración, respecto a los comicios autonómicos de 2003, es que la abstención aumentó desde un 37,46% hasta situarse en un preocupante 43,23%. Preocupante… para quienes tengan conciencia política y valor suficiente para encajar esta forma de castigo que, unida a los 60.025 votos en blanco (un 2,03%) y los 13.324 votos nulos (un 0,45%), revela el hartazgo, la desmotivación y/o el rechazo de algo más del 45% de la población respecto de su clase política. Con todo, la participación ha superado el 56%, pero se ha acercado peligrosamente al 50% que muchos países fijan como mínimo para que los comicios se consideren válidos, y eso, diga lo que diga la Ley, debería tener una lectura política.
En el apartado de tendencias, Convergencia i Unió ha obtenido 928.511 votos, lo que implica que en términos absolutos, ha perdido la confianza de 95.914 electores respecto de los anteriores comicios; no obstante, compensando este dato con el descenso en la participación, en proporción ha experimentado un ascenso del 0,58% de los votos, o lo que es lo mismo: ha obtenido dos escaños más, pasando de 46 a 48, situándose con claridad como primera fuerza en el Parlament de Catalunya, a una distancia de 11 escaños respecto de su inmediato seguidor —el Partit dels Socialistes de Catalunya, que obtuvo 37—, pero lejos de la mayoría absoluta, que se sitúa en 68 escaños, habida cuenta de que en el Parlament de Catalunya se compone de 135. En síntesis, CiU pierde casi cien mil votos pero gana dos escaños, y se sitúa como fuerza más votada y con más escaños (en las anteriores elecciones, CiU obtuvo más escaños que cualquier otro partido sin ser fuera la fuerza más votada —lo fue el PSC—, paradojas de la Ley electoral que arrastramos desde la dictadura).
El partido ganador es pues: Convergencia i Unió, aunque sin apoyos suficientes para gobernar en solitario. Por ello, es necesario abrir una ronda de contactos que conduzca al establecimiento de pactos que hagan posible la gobernabilidad estable de la Generalitat de Catalunya, y ello obliga a analizar qué combinaciones son posibles en base a los resultados obtenidos. Básicamente, existen cuatro combinaciones:
- Un gobierno en solitario de la fuerza más
votada y con más escaños: CiU. El president del govern de la Generalitat de
Catalunya —Artur Mas—, se vería obligado a coexistir en minoría con un
Parlament que, de ser hostil podría crear una gran inestabilidad institucional.
La gobernabilidad estaría muy comprometida y sujeta a infinidad de concesiones
con las que conciliar apoyos puntuales. Aquí el gobierno contaría solo con los
48 escaños del grupo parlamentario de CiU.
- Un gobierno de estabilidad, producto de una
alianza entre los dos grandes partidos: CiU y PSC, con la presidencia para
Artur Mas, siendo el líder del partido que más votos y escaños aportaría; es de
prever que el PSC reclamara alguna cartera-clave, como la Consellería
d’Economía i Finançes. Esto daría como resultado un gobierno con un sólido
apoyo parlamentario, puesto que con sus 85 escaños, garantizaría cuatro años de
estabilidad. No obstante, supondría un fuerte desgaste para ambas fuerzas, que
serían blanco de la crítica por falta de coherencia y aún engaño a su
electorado, por no entrar en las graves diferencias existentes en sus
respectivos programas electorales: distintas ideologías —al menos en lo
nominal—, distintas concepciones del modelo de Estado.
- Una repetición del gobierno tripartito; una
nueva edición del pacto entre las fuerzas de izquierda ofrecería un apoyo
parlamentario de 70 escaños, dos más que el mínimo requerido para obtener
mayoría absoluta. El tripartito ha sido fuente de fuertes tensiones entre el
PSC y su matriz federal, el PSOE, además, ha producido un gran desgaste
electoral dentro y fuera de los límites de Catalunya —sin ir más lejos, en
2006, Montilla ha obtenido 241.687 votos menos que los que obtuviera Maragall
en 2003, lo que viene a ser una reducción cercana al 24%, es decir, el PSC ha
perdido en esta legislatura, a uno de cada cuatro votantes—. Con todo, ésta
sería una alianza muy estable: no en balde, se ha demostrado que aún en las
peores circunstancias, los tres partidos de izquierda fueron firmes en su
compromiso de apoyo incondicional al govern de la Generalitat de Catalunya:
resistieron al encontronazo de Carod Rovira con representantes de E.T.A., y
resistieron también a todo el proceso de aprobación del nuevo Estatut
d’Autonomía —que pese a todo, llegó a buen puerto—. Hay otro elemento a favor
de esta opción: además de ser posible y contar con la experiencia, a nivel
ideológico sería una elección muy coherente, puesto que es la única opción que
resultaría en un gobierno de izquierdas, puesto que cualquier otra combinación
pasa por la entrada de fuerzas derechistas en el govern, con las consiguientes
renuncias programáticas. Y aún una razón más —si cabe—, la más contundente: si
efectuamos una división de las fuerzas parlamentarias entre derecha e
izquierda, la izquierda sería la más votada, puesto que PSC, más ERC y ICV-EV
suman 70 escaños, frente a los 65 que suman CiU, PP y Ciutadans. La izquierda
es pues, la fuerza más votada en Catalunya, con 1.485.308 votos, frente a los
1.331.557 que obtuvo la derecha. En tal caso, el president del govern de la
Generalitat de Catalunya sería José Montilla.
- La cuarta y última opción sería la de crear de un pacto estable de gobierno entre los partidos con mayor orientación hacia la defensa de la causa nacional catalana: CiU y ERC; ello daría como resultado, un apoyo parlamentario de 69 escaños, uniendo los 48 de CiU y los 21 de ERC, uno más de los necesarios para obtener la mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya. No cabe duda de que sería una opción muy buena para el nacionalismo catalanista, en detrimento de los efectos del nacionalismo españolista. En materia de política lingüística y cultural no habría excesivos problemas para conciliar los programas electorales, pero en el aspecto ideológico, ambos partidos defienden líneas radicalmente opuestas, sobretodo si consideramos el caso de Unió Democràtica de Catalunya, cuya obstinación cuasi-medieval en importantísimos e irrenunciables cuestiones sobre libertades públicas colisionaría frontalmente con las políticas tradicionalmente más aperturistas que ERC contempla en su proyecto de gobierno.
Como apunte final, señalar que el PP quedaría fuera de la realidad catalana, y que la entrada de la formación que algunos llaman “Comediants de Catalunya”, aportará sin duda una nota de color a la política catalana —quien sabe si algún nuevo “destape”, esta vez en sede parlamentaria—, pero que su presencia no pasa de ser ‘estadísticamente despreciable’, con una escasísima capacidad de influencia, que solo con el concurso de Unió es posible que den algún dolor de cabeza en el día a día del Legislativo, sin que ello llegue a alcanzar jamás a la maniobrabilidad del Ejecutivo.
En síntesis: CiU podrá ser la fuerza individual con más votantes (928.511) y más escaños (48) que ningúna otra, pero un gobierno no se hace desde la individualidad, y no debemos olvidar que no es la derecha sino la izquierda el conjunto de fuerzas que en Catalunya han obtenido mayor apoyo del electorado, tanto en votantes (1.485.308) como en escaños (70).
Si gobierna el partido más votado, Mas será el president; si gobierna la ideología con más apoyos, será Montilla quien ocupe el sillón de la plaça de Sant Jaume durante los próximos cuatro años.
