La mayoría ronda los 40 años y vivió el ‘boom’ de la heroína en los 80, aunque abunda la politoxicomanía y otras conductas adictivas, con el alcoholismo como tendencia general subyacente. Una quinta parte son mujeres que practican la prostitución y sufren la explotación de proxenetas. Muchos han roto voluntariamente sus lazos familiares. Otros han acabado con la paciencia de los suyos y aquéllos que padecen enfermedades mentales sufren frecuentemente la soledad más desnuda.

Los usuarios de Hontza se hallan en una situación muy vulnerable, sobre todo en lo que respecta a su salud. «Necesitan hablar y desahogarse. Les atendemos y proporcionamos lo más parecido a un hogar, un ámbito donde no tienen que permanecer a la defensiva, como en el resto del día», explica Costillas. «A pesar de su situación, es increíble su espíritu positivo, sus ganas de vivir y sus sueños».

Que coman y duerman, que se sientan mejor y adquieran fuerzas para hacer algo más, siempre a partir de su propia decisión, son los objetivos graduales de un equipo profesional respaldado por voluntarios que, aunque se plantea la rehabilitación como horizonte, es consciente de las grandes dificultades. «Les respetamos», señala Matxalen Somoza, responsable de trastornos adictivos de Cáritas. «Percibimos la persona, no el problema», apunta, y añade que esta labor está vinculada a la naturaleza de la organización. «No somos una ONG, sino Iglesia en acción, una comunidad cristiana que quiere llevar a la práctica el ejercicio de la caridad tal y como enseña el Evangelio, lo que le confiere unas características propias. Atendemos a las personas, pero también prestamos un servicio a la comunicad, sensibilizamos y participamos en la formación de los jóvenes mediante la posibilidad de hacer prácticas con nosotros».

La lucha contra el estereotipo es otro de sus fines. «Se mantiene la imagen del sujeto tirado y abandonado a su suerte, pero cuando llegan menos ‘puestos’ es posible conversar», aduce. Ella diferencia entre aquéllos cuyo estado mental ha experimentado un fuerte deterioro y quienes mantienen sus capacidades e, incluso, pueden extraer hondas reflexiones de vivencias intensas. A menudo, los beneficiarios provienen de entornos duros y enfermedades psiquiátricas que han condicionado su trayectoria.

La crisis afecta incluso a quienes nada poseen. Un proyecto residencial de Cáritas destinado a este colectivo ha perdido su financiación y el recorte de ayudas complica su acceso a pisos de reinserción. «Se están ralentizando los procesos», lamenta Costillas. Es difícil hallar fuentes de financiación para los que más las precisan. «A los más excluidos les llegan con cuentagotas porque son menos vendibles. Los prejuicios siguen pesando».

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Más informaciónCentro Hontza / Cáritas Bizkaia.
Autor (periodista): Gerardo Elorriaga (EL CORREO, Bilbao).
Fuente del texto: El Correo Digital / ADITU.
Fuente de las imágenesEuskal Telebista / EiTB.