Hontza ayuda a personas sin hogar y con problemas de adicción a las drogas
Por Jaume d'Urgell el martes 20 Marzo 2012, 19:30 - Crónicas y noticias de actualidad - Enlace permanente
SOLIDARIDAD. «No resulta fácil conseguir dinero para apoyar a un colectivo tildado de vicioso». El Centro Hontza apoya a las personas en situación de mayor exclusión, sin recursos y víctimas de diversas toxicomanías.
Cada noche, el centro Hontza de Bilbao se abre a los invisibles, a quienes la exclusión ha dejado en la cuneta de nuestra sociedad. A partir de la doce, tras recorrer la ciudad mendigando o trapicheando, buscando lo necesario para sobrevivir y, posiblemente, satisfacer alguna adicción, se acercan hasta este local de Cáritas donde encuentran café, calor y ningún reproche. El año pasado sus responsables pusieron en marcha un proyecto de talleres que pretendía reforzar la oferta anterior y que incluía juegos de mesa y formación sobre recursos sociosanitarios y de autoestima a través de cursillos de maquillaje. «Eran la excusa para acercarnos más a esas personas y conocer sus necesidades», confiesa Sonia Costillas, coordinadora diurna de la entidad.
La iniciativa recibió una mención en la tercera convocatoria de ‘País Vasco, un alma solidaria’, el concurso de ayudas al Tercer Sector promovido por EL CORREO con el patrocinio del Departamento de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno vasco y la colaboración de BBK. Según explican, no abundan los reconocimientos. «Apoyamos a un colectivo tildado de vicioso, así que no es fácil conseguir financiación, al menos de carácter privado».
Su trabajo se dirige a elaborar nuevas propuestas que atraigan el interés de los usuarios. En cualquier caso, no resulta fácil saber de ellos y sus problemas. Acuden, pero no permanecen demasiado tiempo porque sus consumos exigen una satisfacción periódica. La mayoría se esfuerza por conseguir un lugar donde protegerse y descansar durante la noche, tal vez en el perímetro de una obra, una casa ocupada o un coche, y apenas se desplazan para hacerse una cura, conseguir mudas o ducharse. «Estar más tiempo con nosotros reduce riesgos y daños», advierte la técnico.
La mayoría ronda los 40 años y vivió el ‘boom’ de la heroína en los 80, aunque abunda la politoxicomanía y otras conductas adictivas, con el alcoholismo como tendencia general subyacente. Una quinta parte son mujeres que practican la prostitución y sufren la explotación de proxenetas. Muchos han roto voluntariamente sus lazos familiares. Otros han acabado con la paciencia de los suyos y aquéllos que padecen enfermedades mentales sufren frecuentemente la soledad más desnuda.
Los usuarios de Hontza se hallan en una situación muy vulnerable, sobre todo en lo que respecta a su salud. «Necesitan hablar y desahogarse. Les atendemos y proporcionamos lo más parecido a un hogar, un ámbito donde no tienen que permanecer a la defensiva, como en el resto del día», explica Costillas. «A pesar de su situación, es increíble su espíritu positivo, sus ganas de vivir y sus sueños».
Que coman y duerman, que se sientan mejor y adquieran fuerzas para hacer algo más, siempre a partir de su propia decisión, son los objetivos graduales de un equipo profesional respaldado por voluntarios que, aunque se plantea la rehabilitación como horizonte, es consciente de las grandes dificultades. «Les respetamos», señala Matxalen Somoza, responsable de trastornos adictivos de Cáritas. «Percibimos la persona, no el problema», apunta, y añade que esta labor está vinculada a la naturaleza de la organización. «No somos una ONG, sino Iglesia en acción, una comunidad cristiana que quiere llevar a la práctica el ejercicio de la caridad tal y como enseña el Evangelio, lo que le confiere unas características propias. Atendemos a las personas, pero también prestamos un servicio a la comunicad, sensibilizamos y participamos en la formación de los jóvenes mediante la posibilidad de hacer prácticas con nosotros».
La lucha contra el estereotipo es otro de sus fines. «Se mantiene la imagen del sujeto tirado y abandonado a su suerte, pero cuando llegan menos ‘puestos’ es posible conversar», aduce. Ella diferencia entre aquéllos cuyo estado mental ha experimentado un fuerte deterioro y quienes mantienen sus capacidades e, incluso, pueden extraer hondas reflexiones de vivencias intensas. A menudo, los beneficiarios provienen de entornos duros y enfermedades psiquiátricas que han condicionado su trayectoria.
La crisis afecta incluso a quienes nada poseen. Un proyecto residencial de Cáritas destinado a este colectivo ha perdido su financiación y el recorte de ayudas complica su acceso a pisos de reinserción. «Se están ralentizando los procesos», lamenta Costillas. Es difícil hallar fuentes de financiación para los que más las precisan. «A los más excluidos les llegan con cuentagotas porque son menos vendibles. Los prejuicios siguen pesando».
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Más información: Centro Hontza / Cáritas Bizkaia.
Autor (periodista): Gerardo Elorriaga (EL CORREO, Bilbao).
Fuente del texto:
El Correo Digital / ADITU.
Fuente de las imágenes: Euskal
Telebista / EiTB.

Comentarios
Demasiada gente en la calle y pocos recursos públicos para atenderlos, es cáritas quien se ocupa de ellos. sin recriminaciones, sin preguntas... un ejemplo el de este centro. En mi pueblo también es Cáritas quien se ocupa de la gente que no tiene que llevarse a la boca. ¿No deberían ser las instituciones quien se ocuparn de este grave problema? y lo más importante... ¿Nos hemos parado a pensar que largo debe ser un día en la calle hasta que abren el albergue? ¿O dormir en un cajero? Algo sobre lo que reflexionar, algo que tiene que tener otra solución. Cuando se entra en el mundo de la marginación social es muy difícil salir de esa espiral y en este caso se habla de drogodependientes, pero ¿Qué ocurre cuando es toda una familia como me ha tocado ver mas de una vez? Y aunque me extienda un poco pregunta en el aire... ¿No nos garantiza nuestra Constitución el derecho a una vivienda digna?