Sobre el fenómeno del revisionismo histórico no vale la pena escribir nada, basta leer las deposiciones de individuos como Pío Moa para conocer su concepción de valores como el rigor, la documentación, las pruebas, el contraste y la imparcialidad.

Lo que sí sorprende, es encontrarse de vez en cuando con algún intelectual que pretenda justificar hechos como el asesinato de Calvo-Sotelo, o la matanza de Paracuellos. Cuando en realidad, lo único que una persona decente podría decir sobre ello es que si cualquier muerte es condenable, más lo es cuando los asesinos decían actuar en nombre de los ideales humanistas como la libertad, la democracia, el laicismo, la justicia, el estado de Derecho, la fraternidad, la concordia o la defensa de la cultura.

Iré directamente al grano: cuando no estamos en presencia de un juicio justo y público, con todas las garantías; si no se respeta la presunción de inocencia de los acusados, entendida como la necesidad de probar las acusaciones; si se aplican sentencias colectivas sin precisar el grado de participación de cada uno de los encausados en los hechos que se trata de juzgar... entonces, dichas ejecuciones solo pueden ser objeto de vergüenza y condena.

Además, aplicar la pena de muerte supone capitular ante la razón, impide corregir cualquier error y nos equipara precisamente con esa escoria moral que terminó por destruir nuestras vidas, nuestras leyes, nuestros sueños y todo lo que tanto costó conseguir.

No me importa afirmar algo así me convierte en una voz discordante espero que no, pero que nadie cuente conmigo para aplaudir una sentencia de muerte sean cuales sean las circunstancias de cada caso, y mucho menos cientos de ellas a la vez. Me importa poco si estábamos en tiempos de guerra, o lo que los reos hubieran podido hacer. Matar es matar, y punto. Quienes maten en nombre de la República, no solo son asesinos, sino que además injurian a lo que dicen representar.

Paracuellos fue una execrable equivocación y un crimen sin paliativos, cometido a espaldas del gobierno electo, espero. No eran combatientes sino reclusos desarmados, el respeto a su vida nos estaba confiado en tanto que les detuvimos al amparo de la legalidad y el orden constitucional. Al asesinarles, convertimos sus detenciones en secuestros, y equiparamos nuestro honor al de nuestros asesinos.

No hay, no existe la ’violencia buena’. La venganza no debería formar parte de lo tolerable. Un Ser Humano no lo es menos cuando muere por nosotros que cuando lo hace entre nosotros.

Por definición, toda guerra es el fracaso de la clase política, pero es que la Guerra Civil Española no fue una guerra, sino una operación masiva de asesinato de civiles, provocada por el Mal en estado puro, que poco después asolaría Europa entera.

Asesinar no tiene nada que ver con resistir. Resistir es otra cosa, y como máximo puede conducir al homicidio, pero jamás al asesinato.

No alcanzo a imaginar qué clase de legítima defensa podría llevarme a abrir fuego contra un preso arrodillado, con las manos atadas a la espalda y una mirada tan parecida a la de miles de compatriotas internacionales.

¡Salud y República!