República no sólo implica democratizar la Jefatura del Estado y modificar la simbología del país. Un país no es una persona, y mucho menos una palabra o una combinación de colores.

El ideal republicano pasa por la búsqueda de una sociedad mejor y más democrática, a través de una nueva forma de hacer política: con mayor separación de poderes, menor espacio para la arbitrariedad, mayor transparencia en la gestión pública, separación entre el Estado y las asociaciones religiosas (preservando la libertad de culto), profundizar en los cauces de participación democrática, garantizar el Estado de Derecho, la igualdad ante la Ley y garantizar el Estado del Bienestar, apostando con firmeza por los Derechos Humanos, la paz, la diversidad, los servicios públicos, la cultura y las artes.

Y todo eso, sabiendo que la República es democracia, pero sólo democracia, y no la Utopía.

Me gustaría hacer un llamamiento a la serenidad y realismo: la mejor forma de destruir la próxima República, antes de su nacimiento, es unir la reivindicación republicana a ideas irrealizables, utópicas u opuestas al sentir mayoritario de la ciudadanía española.

No tendremos República mientras odiemos a quienes piensan de otro modo. No es posible cambiar la Constitución de ningún país, ni siquiera a mejor, partiendo de una base de apoyo social inferior al 20%.

Asustar, imponer, restar y dividir no es el camino. El camino pasa por ser capaces de comprender y apelar a la comprensión. El éxito político se basa en sumar y multiplicar.

Queda mucho por hacer. Es preciso hacer mucha pedagogía democrática, tener constancia y evitar el sectarismo. Es necesario superar las barreras ideológicas y saber en todo momento, dónde tenemos los pies y qué realidad nos rodea.

Sólo podemos vencer. Cuándo... depende de ti.

¡Salud y República!


Jaume d'Urgell
jaume@durgell.com
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