Si el pueblo es uno, nosotros
no somos quien para dividirlo

Porque ¿a quien beneficia la división del republicanismo? ¿Qué problema hay en asumir manifiestos unitarios? ¿Qué mente necia puede negar la existencia de los demás? ¿Quién puede negarse a estampar su firma en declaraciones de un incontestable valor democrático, como el reconocimiento de la continuidad dictatorial en la persona del rey, o el absoluto respeto a la capacidad de los Pueblos para decidir pacífica y democráticamente sobre su futuro, sin límites, tutelas ni amenazas?

Cada día que pasa estamos 24 horas más cerca de conseguirlo. El bien triunfará, esa es una verdad incontrovertible. Todos dicen buscar el bien, pero somos nosotros, los comunistas de corazón, quienes buscamos el bien para el conjunto de la clase trabajadora, y no solo el bienestar de unos pocos, a costa de mantener en la precariedad a todos los demás. Quizá éste pueda parecer un concepto ideológico muy traído a colación, ajeno al contexto de debate monarquía/república, pero no, se trata de algo fundamental: construir una sociedad más justa —política y económicamente estable— implica la existencia de instrumentos políticos que permitan que la ciudadanía sea protagonista de sus propias decisiones. Se trata de respetar el Poder Popular, para hacer posible el tan ansiado Socialismo del Siglo XXI.

La cuestión ya no es si será,
ni cuándo será, sino cómo será

La República es una realidad inexorable, por ello, nuestra principal preocupación debe ser contribuir a mejorar el tipo de República se nos trate de imponer; nuestra responsabilidad consiste en defender el Poder Popular, para construir estructuras desde abajo, y no para aceptar autoridades impuestas de tan arriba, que con frecuencia tratan de hacernos creer que las órdenes «parten del cielo».

Sin la intervención del público, los supuestos «cargos públicos» son en realidad meros instrumentos de lo arbitrario; no son verdaderos «cargos públicos», sino simples comisarios políticos del gran capital. Esa debe ser nuestra tarea: reducir el margen de maniobra de los políticos que actúan de espaldas al Pueblo.

Para ello, debemos asumir la responsabilidad histórica de unirnos. Por seriedad, por táctica, por estrategia, por eficacia, por seriedad, por justicia.

Permanecer desunidos
no es un opción responsable

Por eso, debemos exigir la unión de todo el Movimiento Republicano, conscientes de su diversidad, de sus diversas identidades y de los matices existentes en cada uno de los diferentes programas políticos de las fuerzas implicadas. Pero hagamos frente común, unión sin fusión —si no se puede hacerse de otro modo—, pero unión a fin y al cabo, porque ésta es la obligación ética, histórica, social, política y hasta moral del Movimiento Republicano.

De la mano de los Austrias, de los Primos de Rivera, de los Franco y por supuesto, de los Borbones, nuestro país de países, en lo tocante a organización política, permanece ajeno a los efectos del Renacimiento y la Ilustración.

Eso permite explicar la represión, las torturas, el doble rasero judicial, la impunidad, la privatización de lo público, el terrorismo de Estado, el bipartidismo fáctico, la asunción de decisiones políticas por parte de la oligarquía económica, la censura, la endogamia, el acuerdo previo, la falta de transparencia, el poder de la Iglesia, la corrupción masiva, la concentración mediática, el colonialismo, el imperialismo, el Estado policial y tantas otras facetas de un mismo problema: España lleva al menos cinco siglos en poder de una mafia que solo mira por sus propios intereses.

Permanecer desunidos,
perpetúa la injusticia

Todos los días al despertar, me pregunto: «¿Qué no querría el rey que ocurriera hoy?» y entonces, trato por todos los medios pacíficos puestos a mi alcance, que eso sea precisamente lo que hoy tenga lugar. Estoy convencido de que la unión efectiva de los republicanos de este maravilloso país de paises sería, sin duda alguna, un buen «dolor de muelas» para el cómplice y sucesor de Franco.

Atrevámonos a intentarlo: republicanos del reino, ¡uníos!

¡Salud y República!