Entonces, la ventana te añora,
y mis lágrimas se mezclan
con las del mar…
el mar, que tú mirabas.

Porque sucede que a veces,
a veces, vivir me cuesta tanto,
que noto que tu ventana me mira,
y sonríe confiada, y me canta:

“…Ya sé que estoy piantao,
piantao, piantao;
yo miro a Buenos aires,
el nido de un gorrión…”.

Entonces, me acobardo,
dejo de llorar,
me oculto de mi alma,
y aún pienso que… pero no.

Entonces, regreso al trabajo,
frente al mar —pero sin él—,
junto a la vieja ventana,
esperando la nada, sentado.

Será que lloro para nadie,
será que no sé llorar,
que la razón no me encuentra
y el mar… ¡ah! el mar.

Mas, me queda tu recuerdo…
y aquel añil —ya blanco—
de tu vieja ventana.
¡Casandra de madera!

Me quedan las gaviotas
—supongo—, y la brea…
y me queda la silla,
y las paredes oscuras.

Y me quedo yo, sin ti;
triste, junto al mar triste,
porque el mar te echa de menos,
como sólo el mar puede sentir.


Jaume d'Urgell
jaume@durgell.com
http://jau.me (bitácora)
http://durgell.com (sitio personal)

_____
(Dedicado a las familias de todas las personas que en algún momento de sus vidas han tomado la decisión de desplazarse a lugares remotos a fin de trabajar o huir de la guerra)