El miércoles pasado, día 10 de octubre de 2007, un tal Juan Carlos Borbón, de profesión militar (por lo que jamás ha concurrido a un proceso electoral), presidió una reunión del Consejo de Defensa, encuentro al que asistieron el primer ministro Zapatero, la vicepresidenta Fernández de la Vega, el vicepresidente Solbes y los ministros Alonso, Moratinos y Rubalcaba.

La situación resulta cuando menos extraña, por cuanto nos retrotrae a un pasado de infausto recuerdo e inolvidable memoria:

¿Qué hace un militar no-electo, vitalicio y hereditario, ocupando una posición superior a la de nuestros máximos representantes electos? ¿Por qué un gabinete de ministros socialista consiente en dejarse fotografiar rodeado de militares y sometido a una figura feudal / medieval? ¿Qué significa que el tipo que preside dicha reunión haya invitado a su hijo a una reunión de trabajo? ¿Es esto serio? ¿Qué pensaríamos si el ministro de Defensa hubiera invitado a su esposa, el de Exteriores a sus hijos o el de Interior a un primo de Albacete?

Si estamos en democracia ¿por qué ceder la presidencia de la máxima entidad militar del Estado a un individuo que además de ser ajeno a las urnas, nos conecta con un inocultable pasado de colaboracionismo dictatorial?