Discurso de la
diputada autonómica vasca María Teresa Laespada Martínez, pronunciado en la
trigésimo sexta sesión plenaria del Parlamento Vasco de 2011, celebrada el
jueves, día 22 de diciembre, en defensa de la proposición no de ley de
declaración institucional de apoyo al Ararteko (la Defensoría del Pueblo en el ámbito territorial
de la Comunidad Autónoma Vasca).
Gracias, señora presidenta.
Señorías, desde su aparición en Suecia en 1809 la figura de la Defensoría del Pueblo Ombudsman, se ha configurado como una de las instituciones más sólidas de los sistemas democráticos.
Precisamente, su existencia se exige como requisito de homologación democrática como sucede en este momento con la candidatura de Turquía para su ingreso en la Unión Europea.
Porque es uno de los elementos centrales de un sistema democrático, la salvaguarda de los derechos y libertades fundamentales de todas y todos los ciudadanos y para ello, los defensores del pueblo se configuran en primerísima instancia como los garantes de estos derechos ante los abusos que pudieran cometer las administraciones públicas. Pero no solo.
Los sistemas democráticos son un complejo entramado de poderes y contrapoderes. Un sistema institucional complicado con intereses e incluso derechos contrapuestos que exigen un sutil ejercicio de equilibrado de derechos y las defensorías del pueblo adquieren también el papel de garante de los Derechos Humanos de todas las personas, impulsando el rigor en su salvaguarda desde la propia posición de proximidad a la ciudadanía y frente a las negligencias o excesos de poder que la propia Administración pública pudiera provocar.

