La bitácora de Jaume

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martes 8 Agosto 2006

¡Muera la inteligencia!

Disertación irónica a propósito el grotesco discurso medieval que cada día, a todas horas nos están lanzando desde los medios de desinformación en masa, propiedad del neoliberalismo ultraderechista y nacional-catolicismo pro americano.

Os voy a contar todas las cosas que me pasan: pasa, que esta mañana me he despertado, y me he dado cuenta de que los libaneses son responsables de provocar esta inseguridad que nos acongoja; sucede, que el amigo americano, en un gesto de altruismo que le honra, ha llegado a empeñar su hacienda y la vida misma en proporcionarnos libertad y democracia; ocurre que debemos combatir el terrorismo allí donde more; debemos librar a los indefensos pueblos del yugo de protervos dictadores como Castro, Chávez, Morales, Allende, Azaña —el golpista—. ¿Cómo no van a ser culpables los libaneses si ni siquiera intentan ocultar su simpatía por los palestinos… esos, que tienen gobernantes terroristas, algunos de los cuales hasta se encuentra en prisión?

Ocurre, que las elecciones están a la vuelta de la esquina, y hete aquí que cuatro descerebrados, actuando de modo individual —pero todos a la vez—, han osado irrumpir en las pistas del Prat —un aeródromo que administramos desde Arturo Soria, 109—, y molestar el inicio de las vacaciones de miles de compatriotas españoles. Después de todo un año trabajando honradamente para poder viajar en compañía de sus esposas e hijos. ¿Qué despropósito sindicalista salvaje es este? ¿Cómo lo permitimos? ¿Quieren más dinero y trabajar todavía menos de lo que trabajan?

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sábado 19 Noviembre 2005

El partido del mal

El autor nos invita a un pequeño juego de imaginación: un ejercicio irónico —rozando el sarcasmo—, en el que nos propone una serie de situaciones figuradas, con las que trata de siluetear una realidad evidente, pero sin llegar a nombrarla en ningún momento.

Supongamos que existiera un partido político que odiara tanto la Democracia, que aprovechara cualquier oportunidad para conculcar sus valores… forzando la redacción de una Carta Magna en la que el máximo mandatario no fuera elegido periódicamente por el pueblo… imaginemos un partido que no se organizara en base a criterios democráticos, sino que sus líderes fueran nombrados de modo arbitrario y sus decisiones estuvieran presididas por la opacidad, el pensamiento único, y un inconfesable equilibrio entre miedo y ambición. Un partido político cuya fundación enraizara con los herederos de quienes en su día tomaron el poder por las armas, en contra de la voluntad del pueblo expresada en las urnas.

Imaginemos un partido político que se negara a condenar un régimen dictatorial que llegó a encarcelar comunistas, republicanos, homosexuales; llegó a enviar tropas para defender el gobierno de Adolf Hitler; estigmatizaba a las madres solteras; realizó bombardeos aéreos sobre núcleos urbanos desprovistos de instalaciones de interés militar y llegó a prohibir el uso de las lenguas autóctonas… entre otros crímenes de lesa Humanidad.

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