
Buenas
tardes,
Es para mi un verdadero honor tener ocasión de compartir algunas reflexiones acerca de lo que significó la aprobación del paquete de reformas legales sobre libertades civiles en materia de orientación sexual, identidad de género y comportamiento.
Orientación, libertad y comportamiento... tres características sobre las que actuar desde múltiples vertientes, no sólo la legal y dentro de esta, no sólo la civil.
Todavía hoy, al andar por las calles de nuestros pueblos, villas y ciudades, me asalta una curiosa idea cuando voy junto a una pareja de mi mismo género, en actitud afectuosa y paso junto a un miembro de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado: “no ha tanto —pienso—, este señor disponía de instrumentos legales, y aún, del mandato profesional de constreñir mi libertad para amar, existir o actuar”.
Y en cambio, en nuestros días, en nuestros maravillosos —pero no gratuitos— días, no sólo no tengo nada que temer de la Autoridad, sino que ésta ha asumido su papel de garante de las libertades fundamentales recogidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Constitución Española y resto de ordenamiento jurídico.
Paradoja feliz —que no gratuita, insisto—: aquellos a quienes antes debíamos temer, constituyen hoy la mejor garantía para nuestra seguridad y protección. Entonces... ¿qué diferencias hay respecto de aquellos tiempos sombríos, a parte de la desaparición del régimen dictatorial?

Quienes dedicamos buena
parte de nuestra actividad política a defender el principio de que todas las
personas nacen libres e iguales, en dignidad y derechos, tenemos hoy un
importante éxito que celebrar: