¿Cómo se atreve el cómplice de Franco a tutear a un presidente electo? ¿Puede un militar inmiscuirse impunemente en asuntos de política exterior? ¿Qué intereses defiende el autócrata? ¿Qué es lo que el franquista coronado no quiere que escuchemos? Bien, he aquí la respuesta: no nos da la gana callar, porque estamos cambiando el mundo de base.

Estupor y vergüenza al contemplar las imágenes: un usurpador fascista, consiguió colarse entre los miembros de la delegación española que acudió a la Cumbre Iberoamericana. El sujeto en cuestión —un militar—, no consiguió ocultar su intolerancia sectaria al escuchar la intervención del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y contra todo pronóstico, osó interrumpirle, bramando censura.

«Tú...» —interrumpió el monarca, tuteando al presidente Chávez—, «¿por qué no te callas?» dijo por fin, creyendo al parecer, que sus órdenes de silenciamiento serían obedecidas en el extranjero como lo eran dentro del territorio del Estado español.

El franquista exige silencio... bueno, no es novedad, todos aquí sabemos bien de cómo funciona el tabú borbónico. Todos los representantes de la prensa española conocemos perfectamente de qué se puede y de qué no se puede informar —tratándose de la corona—.

La corona exige silencio... y es lógico: lo arbitrario requiere de la sombra, porque si muchos supieran, pensaran y hablaran sobre el carácter injusto del símbolo supremo de la desigualdad, se darían perfecta cuenta de que algo así, no puede, ni debe representar un país.