SOLIDARIDAD. «No resulta fácil conseguir dinero para apoyar a un colectivo tildado de vicioso». El Centro Hontza apoya a las personas en situación de mayor exclusión, sin recursos y víctimas de diversas toxicomanías.
Cada noche, el centro Hontza de Bilbao se abre a los invisibles, a quienes la exclusión ha dejado en la cuneta de nuestra sociedad. A partir de la doce, tras recorrer la ciudad mendigando o trapicheando, buscando lo necesario para sobrevivir y, posiblemente, satisfacer alguna adicción, se acercan hasta este local de Cáritas donde encuentran café, calor y ningún reproche. El año pasado sus responsables pusieron en marcha un proyecto de talleres que pretendía reforzar la oferta anterior y que incluía juegos de mesa y formación sobre recursos sociosanitarios y de autoestima a través de cursillos de maquillaje. «Eran la excusa para acercarnos más a esas personas y conocer sus necesidades», confiesa Sonia Costillas, coordinadora diurna de la entidad.
La iniciativa recibió una mención en la tercera convocatoria de ‘País Vasco, un alma solidaria’, el concurso de ayudas al Tercer Sector promovido por EL CORREO con el patrocinio del Departamento de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno vasco y la colaboración de BBK. Según explican, no abundan los reconocimientos. «Apoyamos a un colectivo tildado de vicioso, así que no es fácil conseguir financiación, al menos de carácter privado».
Su trabajo se dirige a elaborar nuevas propuestas que atraigan el interés de los usuarios. En cualquier caso, no resulta fácil saber de ellos y sus problemas. Acuden, pero no permanecen demasiado tiempo porque sus consumos exigen una satisfacción periódica. La mayoría se esfuerza por conseguir un lugar donde protegerse y descansar durante la noche, tal vez en el perímetro de una obra, una casa ocupada o un coche, y apenas se desplazan para hacerse una cura, conseguir mudas o ducharse. «Estar más tiempo con nosotros reduce riesgos y daños», advierte la técnico.
