Algunos periódicos publican hoy una
carta de felicitación enviada por el presidente del gobierno, José Luis
Rodríguez Zapatero, al hijo mayor del cómplice y sucesor de Franco: Felipe
Borbón, un militar igual que al igual que su padre, pretende acceder a la
Jefatura del Estado sin concurrir a elecciones.
Como republicano, he decidido secundar la iniciativa del presidente y dedicar una carta pública al aprendiz de monarca, empleando casi las mismas palabras de éste, pero con unos sutiles retoques, en aras de mejorar la sinceridad:
Felipe,
¿Qué se le puede desear al hijo del cómplice de un dictador que se asoma a los cuarenta años? Que tenga un poco de respeto democrático, naturalmente, como a cualquier otro autócrata armado. Eso es lo primero. En un país donde no se puede elegir al Jefe de Estado, los dictadores militares —asesinos o no—, son, ante todo: insolentes que viven del trabajo ajeno.
Tú, como tu padre, que siempre ha llevado a gala el despilfarro a costa de nuestro esfuerzo, me permitirás antes que nada, que ignore expresamente el protocolo con el que los de tu estirpe tratan de evadir la ignominia que les rodea, para expresarte mi deseo de que restituyas cuanto antes todo lo que nos habéis quitado y te pongas a trabajar, que ya empiezas a tener edad.
Al escribirte hoy, estoy felicitando a toda una generación, Felipe, la generación anterior a la mía, una generación de gente extraordinariamente formada, que sin embargo, no sabe lo que es elegir a un presidente y que nunca sintió extrañeza de emplear esa palabra, “presidente”, para llamar a lo que en realidad, es un primer ministro, o un jefe de gabinete, pero no un auténtico presidente, porque en el 97% de los países presentes en la Asamblea General de las Naciones Unidas, los presidentes de verdad poseen funciones que aquí usurpa tu padre, por ejemplo: el mando supremo de las Fuerzas Armadas (CE de 1978, Art. 62.h).
¿Cómo se atreve el
cómplice de Franco a tutear a un presidente electo? ¿Puede un militar
inmiscuirse impunemente en asuntos de política exterior? ¿Qué intereses
defiende el autócrata? ¿Qué es lo que el franquista coronado no quiere que
escuchemos? Bien, he aquí la respuesta: no nos da la gana callar, porque
estamos cambiando el mundo de base.



