La bitácora de Jaume

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Tag - Memoria Histórica

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miércoles 19 Septiembre 2007

Tres décadas de franquismo parlamentario

Acto de apertura del curso 2007-2008, de las Tertulias Republicanas que desde hace más de veinte años vienen celebrándose en el Ateneo de Madrid, la conferencia trató del significado de las banderas, pero que superó el marco previsto, para girar hacia una denuncia de la arbitrariedad y el déficit democrático que acusan las instituciones continuadoras del franquismo.

VIDEO (primera parte): http://es.youtube.com/watch?v=lky3reNii5g
VIDEO (segunda parte): http://es.youtube.com/watch?v=-2eQatZjP_g

Jaume d'Urgell. — Vaya por delante que no pretendo convertir esta charla en un tratado sobre vexilología o heráldica, entre otras cosas, porque no tengo suficientes conocimientos en ninguno de esos campos. Tampoco quisiera ceñirme a una mera exposición de fechas y hechos, a propósito de cuando entró en vigor una u otra bandera, ni cuales fueron las razones que condujeron a la adopción de cada una de ellas.

No pretendo tal cosa, por motivos de espacio, pero también para evitar caer en debates estériles, porque entiendo que no solo estamos aquí para conocer y rendir homenaje al pasado, sino más bien despertar conciencia y hacer pedagogía democrática que sirva para acercarnos a un futuro más justo y democrático.

De todos modos, para disponer de algún contexto de referencia, sí voy a exponer con brevedad algunos datos más o menos consensuados, aunque sujetos a la necesaria imprecisión quien no desea entrar en matices:

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viernes 15 Diciembre 2006

Ponencia sobre el déficit democrático

Fragmento central de la ponencia de presentación del libro 50 razones por las que España no es una democracia, que fue pronunciada el viernes día 15 de diciembre, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Me llena de satisfacción tener la oportunidad de pronunciar esta ponencia en el corazón en la Facultad de Derecho de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, justo cuando el proceso de aprobación de la Ley de la Memoria Histórica se encuentra en fase de debate en el plenario del Congreso de los Diputados. Ha sido un honor atender vuestra invitación y gozar de la hospitalidad de los camaradas del Foro de Debate Universitario Alejo Carpentier, que me han brindado la posibilidad de visitar por primera vez este continente de contrastes, diversidad e ilusión.

Hacía mención al trámite parlamentario de la Ley de la Memoria Histórica, porque, ya sea al calor de las efemérides, ya sea por compromiso electoral, interés partidista, o de cualquier otra índole, el caso es que no se puede negar la aparición de un fenómeno político de tan hondo calado social, que va más allá de lo que se ha dado en llamar “fiebre republicana”.

En efecto, de un tiempo a esta parte, la ciudadanía parece haber superado tanto el miedo como el hartazgo que tan bien cumplieran su misión desmovilizadora durante buena parte de los 80 y los 90, y, a través de una larga etapa de “crispación política”, que vino marcada por el acostumbrado griterío de cafetería y un constante desafío de la prensa a nuestra capacidad de asombro; a través de esta larga etapa —decía—, el pueblo parece haber llegado a dar un importante salto cualitativo en el pensamiento común: por primera vez en décadas, reaparece y se generaliza la costumbre de cuestionar el orden establecido. Se enciende la chispa del inconformismo, entendido como un descontento que supera el ámbito de los meros gestores de la Cosa Pública, y se extiende al propio marco legal.

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viernes 10 Noviembre 2006

Paracuellos

En respuesta a las voces de algunos intelectuales que en los últimos días han tratado de justificar los trágicos sucesos ocurridos en Paracuellos de Jarama. No hay ’violencia buena’, no importan las circunstancias, nada justifica un crimen de guerra. Somos muchos quienes sentimos vergüenza y condenamos algo así. Reconocerlo no es hacer concesiones, sino reafirmar nuestro valor.

Con el pretexto y al calor de las efemérides, se publican estos días numerosos ensayos y análisis respecto a lo ocurrido hace siete décadas, cuando una parte del ejército de España traicionó al pueblo que pagaba su sueldo y al que juraron defender, y situó en la jefatura del Estado a uno de los suyos, un militar no-electo, no electo y militar. Situación que por incomprensible que pueda parecer, se ha prolongado hasta la actualidad.

Alguno de estos artículos, se refieren a uno de los hechos más lúgubres de la contienda: la matanza de Paracuellos. La mayoría de estos, entran directamente dentro del subgénero de historia-ficción, revisionismo iletrado cuyo interés último es mezclar y confundir para equiparar a unos con otros en una masa amorfa que actúe como pantalla de humo ante una realidad que se pretende ocultar: que el capital se valió del clero y la milicia para destruir la democracia y a los demócratas.

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jueves 26 Enero 2006

La Segunda Restauración

Conferencia pronunciada el 26 de enero de 2006, en la Casa de Cultura del Ayuntamiento de Móstoles, en el marco del acto titulado “Memoria Histórica”, organizado por la sección local de la Plataforma Ciudadana por la Tercera República.

Una de las definiciones más sinceras de lo que fue y para lo que se diseñó la “Transición Española” nos la dejó el cortesano Torcuato Fernández Miranda, al escribir aquello de que “la Transición se trata de ir de la ley a la ley a través de la ley”. A tenor de semejante afirmación, no es de extrañar que a los súbditos de a pie nos asalten ciertas dudas de fe… dudas acerca del verdadero significado de la Ley y su encaje filosófico en valores como la Justicia, el Bien Común, o la legitimidad.

El diccionario de la Academia nos dice que “transición” es la acción y el efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto. Comparte la misma raíz latina de la palabra “transitar”. En otras palabras, se trataría de ‘cambiar’.

Algún cambio hubo, eso sí, se pasó de un tirano armado —es decir, un terrorista—, como el militar traidor Francisco Franco, a otro régimen distinto, cuya característica más evidente es la existencia de una jefatura de Estado medieval, arbitraria, despótica, vitalicia, hereditaria y no-electa —sin ánimo de injuriar, a modo de mera descripción conceptual—.

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