Doy por
hecho que muchas de las respuestas a este artículo harán alusión a “la
necesidad de plantear las ideas en positivo”; no faltará quien afirme que
“apelar al miedo” abunda en la demagogia; aludirán al dudoso gusto estético de
la redacción; y por supuesto, siempre habrá quien se deslice por el Ad
Hominem... sea como fuere, había algunas consideraciones, que no podía retener
por más tiempo:
No quiero un Madrid gobernado por alguien cuyas primeras dos prioridades no sean: acabar con el desempleo y reducir el coste de acceso a la vivienda; no quiero un Madrid gobernado por el descrédito, la intriga, la irresponsabilidad, la desmesura y la desfachatez; no quiero un Madrid donde el dinero público sirva para subvencionar escuelas en las que se segregue al alumnado en función de su sexo; no quiero un Madrid que no sabe qué hacer con el presupuesto que el Gobierno de España le transfiere para las políticas de creación de empleo; no quiero un Madrid con falta de oferta de plazas en los albergues, camas, duchas, comedores y refugios para las personas más necesitadas; no quiero un Madrid mal repartido, donde el barrio en el que nazcas, predestine los objetivos máximos que cada persona pueda alcanzar.
No quiero un Madrid desprovisto de instituciones públicas para la defensa de los intereses de la Mujer; no quiero un Madrid sin bicicletas; no quiero un Madrid desmemoriado, cuyas calles y plazas ofendan a la ciudadanía, delinquiendo, ocultando o manipulando su propia Historia; no quiero un Madrid que ignore las políticas de igualdad de dignidad, derechos y oportunidades en la diversidad funcional, afectivo-sexual y de género; no quiero un Madrid peligroso, que no sepa gestionar adecuadamente la seguridad ciudadana; no quiero un Madrid que falsee la fecha de inscripción de pacientes, a fin de ocultar fraudulentamente que las listas de espera para las operaciones en la sanidad pública, en realidad, superan con creces el tiempo máximo comprometido durante la última campaña electoral; no quiero un Madrid donde se malverse el suelo público para regalarlo a asociaciones privadas que conculcan nuestros valores constitucionales; no quiero un Madrid hostil hacia las personas mayores; no quiero un Madrid que concentre el mayor número de escándalos de corrupción de la historia de España; no quiero un Madrid que se atribuya competencias que no le corresponden en materia de seguridad, para utilizarlas en pueriles tramas de espionaje político; no quiero un Madrid que autorice la concesión de licencias de radio y televisión en base a criterios inconfesables, dogmáticos y sectarios; no quiero un Madrid confesional.

Más de uno
creyó avistar Ítaca