La bitácora de Jaume

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domingo 24 Febrero 2008

¿Republicanos violentos?

En defensa de Unidad Cívica por la República, frente a la campaña de difamación orquestada por la derecha, en contra de los manifestantes que protestaron ante los neoliberales ultraconservadores Granados y Güemes, durante una de las inauguraciones institucionales que coinciden con la campaña electoral.

Estamos en el primer fin de semana de campaña electoral, y una de las noticias más destacadas que podemos encontrar en los principales medios de prensa, es la que nos habla del supuesto intento de agresión que habría protagonizado un grupo de manifestantes descontrolados, contra Francisco Granados y Juan José Güemes, miembros del gobierno autonómico de Madrid y dirigentes ambos del Partido Privatizador (PP).

Los responsables de comunicación del partido del bando nacional, habrían difundido sendas notas de prensa, en las que primero habrían 'informado' de "violentos disturbios orquestados por el dirigente socialista Tomás Gómez, alcalde de Parla", para —posteriormente—, abordar de lleno la versión anti-republicana, según la cual "un grupúsculo de republicanos habría intentado agredir a dos consejeros de Madrid".

La realidad es bien distinta: no hubo agresión ni intento de agresión; en toda su historia, ni Unidad Cívica por la República (UCR), ni ningún otro colectivo o asociación integrante de lo que podríamos llamar el Movimiento Republicano, han alentado u organizado ni un solo acto violento; por su parte, UCR, en tanto que asociación cultural independiente, nunca se ha sometido al mandato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ni tampoco al de Izquierda Unida (IU); además, ni el PSOE ni IU cedieron infraestructuras para preparar el material de propaganda, como afirman los difamadores de la calle Génova.

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miércoles 28 Marzo 2007

Referéndum: ¿Monarquía o Democracia?

Un próximo referéndum debería servir para ratificar el texto de una nueva Constitución, una verdadera Carta Magna —no otorgada—, una vuelta a la democracia, perdida en 1939. ¡Basta de reformas continuistas! ¡Ruptura Democrática! ¡Contra la tiranía y la arbitrariedad! El oligarca preguntará “¿Más?”, y nosotros responderemos: “¡Vamos a cambiar de base!”. El pueblo tiene la palabra.

Del mismo modo que algunos de los mayores incendios tuvieron su origen en una diminuta chispa, los ciudadanos conscientes de nuestra clase estamos a tiempo de impedir que se nos instale una mentira en el ideario republicano. En contra de la opinión de quines afirman que sería conveniente realizar cuanto antes un referéndum acerca de la continuidad de Juan Carlos, invito a una reflexión más sosegada, a la luz de las consideraciones que a continuación me propongo exponer:

No conviene

La primera razón por la que afirmo que deberíamos oponernos a la idea de celebrar un referéndum para decidir sobre la continuidad del monarquismo, es que no es el momento, no conviene, no estamos preparados para ello. No es derrotismo, es crudeza. Y no es que albergue una falsa estrategia dilatoria, pero no quisiera que la precipitación nos hiciera caer en otro de los engaños urdidos por aquellos que tanto tienen que perder.

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sábado 19 Noviembre 2005

El partido del mal

El autor nos invita a un pequeño juego de imaginación: un ejercicio irónico —rozando el sarcasmo—, en el que nos propone una serie de situaciones figuradas, con las que trata de siluetear una realidad evidente, pero sin llegar a nombrarla en ningún momento.

Supongamos que existiera un partido político que odiara tanto la Democracia, que aprovechara cualquier oportunidad para conculcar sus valores… forzando la redacción de una Carta Magna en la que el máximo mandatario no fuera elegido periódicamente por el pueblo… imaginemos un partido que no se organizara en base a criterios democráticos, sino que sus líderes fueran nombrados de modo arbitrario y sus decisiones estuvieran presididas por la opacidad, el pensamiento único, y un inconfesable equilibrio entre miedo y ambición. Un partido político cuya fundación enraizara con los herederos de quienes en su día tomaron el poder por las armas, en contra de la voluntad del pueblo expresada en las urnas.

Imaginemos un partido político que se negara a condenar un régimen dictatorial que llegó a encarcelar comunistas, republicanos, homosexuales; llegó a enviar tropas para defender el gobierno de Adolf Hitler; estigmatizaba a las madres solteras; realizó bombardeos aéreos sobre núcleos urbanos desprovistos de instalaciones de interés militar y llegó a prohibir el uso de las lenguas autóctonas… entre otros crímenes de lesa Humanidad.

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