Quienes dedicamos buena
parte de nuestra actividad política a defender el principio de que todas las
personas nacen libres e iguales, en dignidad y derechos, tenemos hoy un
importante éxito que celebrar:
La cámara legislativa del Distrito Federal de México ha aprobado una reforma legal que suprime la discriminación jurídica de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales a la hora de acceder a la protección jurídica de sus familias, permitiéndoles por fin, contraer matrimonio, en condiciones de plena igualdad al de las personas heterosexuales.
Una excelente noticia, que nos llega escasos días después de conocerse la aprobación de una reforma de similares características, en el Estado homólogo de su vecino del norte: en Washington DC, la capital federal de los Estados Unidos de América. Un excelente doblete, en menos de siete días.
Excelente, porque el respeto al derecho de las minorías, es la mejor salvaguarda para las libertades civiles del conjunto de la sociedad.
